miércoles, 20 de marzo de 2013



ORIGEN DE LA VIDA MONÁSTICA

Seguimos compartiendo los orígenes de este peculiar y fructífero estilo de vida religiosa.


jueves, 14 de marzo de 2013


MIRÁNDOLO CON MISERICORDIA LO ELIGIÓ






El 13 de marzo de 2013, los jóvenes del noviciado esperábamos con muchas ansias saber el nombre del nuevo Papa, televisores, computadores, todo se mantenía fijo en la chimenea del Vaticano que nos anunciaría al nuevo Pedro. Satisfactoriamente, la chimenea expulsó humo blanco ¡el Espíritu Santo y el colegio de cardenales habían llegado a un consenso!, los aplausos no paraban ni en el noviciado ni en Roma, ahora esperábamos el anuncio.

Y se vio abrirse las cortinas del balcón papal y el cardenal protodiácono nos mantuvo en vilo por unos instantes hasta que hizo el anuncio: “Giorigium Marium sanctae romanae Ecclesiae cardinalem Berboglio”, por un momento, atónitos no lo podíamos creer, Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de la ciudad latinoamericana de Buenos Aires había sido electo sucesor de san Pedro, el primer latinoamericano y el primer jesuita en ser elegido para tan alto servicio.

Las campanas del corazón y de las iglesias se escuchaban al unísono, el nuevo papa había elegido el nombre de Francisco, “el pobrecillo de Asís” y se asomaba al mundo con gran sencillez, asombro y emoción, su presencia nos llenó de paz, renovó nuestro “sentire cum Ecclesia” (sentir con la Iglesia) y, tras pedir nuestra bendición nos bendijo, dejándonos en el corazón la alegría, el entusiasmo renovado y la acción de gracias a Jesús buen Pastor.

¿Quién es Jorge Mario Bergoblio, el ahora papa Francisco? Un hombre que viajaba en bus con su pueblo, que bebía del mate como buen argentino y que rompía y rompe protocolos para hacerse compañero de camino con los hermanos, éste es ahora el nuevo Pedro, un amante hijo de la Iglesia que tiene ahora la misión de ensanchar aún más el corazón para abrazar el mundo como lo hizo Cristo.

“Miserando atque eligendo” (lo miró con misericordia y lo eligió), aquel fue el lema episcopal del otrora cardenal argentino que ya había presentado su renuncia a dicha sede por cuestión de edad y que ahora nos hace recordar ante todo que es Dios quien elige, quien nos mira con misericordia y no nos pide méritos sino capacidad de amar hasta el extremo como Cristo lo hizo. Lo ha mirado con misericordia y lo eligió, nos miró a pesar nuestro y nos llamó ¿Contigo, herman@QQ, no hará lo mismo?

Por último, es necesario elevar nuestro compromiso de oración por el Papa y comprometer mente, voluntad y corazón para trabajar en conjunto. ¡Bendito sea el Señor, el Buen Pastor, que nos ha dado un nuevo Pedro: Francisco, un latinoamericano para el mundo!


                                       

José Miguel Villaverde Salazar, novicio ssp

miércoles, 13 de marzo de 2013

EL ORIGEN DE LA VIDA MONÁSTICA
Parte I

En esta serie de videos, les comparto un poco de los inicios de la vida monástica, espero nos sirva para la inspiración vocacional y para agradecer al Señor por dar en la Iglesia este estilo de vida...

José, novicio paulino




miércoles, 27 de febrero de 2013


JESÚS, EL APASIONADO POR EL REINO DE DIOS
- Su pasión, motivo de consagración I parte -





Resulta sorprendente una y otra vez tener en cuenta que Jesús fue laico, sí, un laico judío que vivió la fe enseñada por sus padres y que no perteneció a la casta sacerdotal como sí pertenecía Juan el Bautista.
Nació en un entorno aldeano, en un pequeño poblado llamado Nazaret y de María y de José aprendería a orar como lo hacían los judíos. Nada tenía que ver Jesús con las antiguas realidades monásticas veterotestamentarias; sin embargo, había algo que lo relacionaba con ellas: la consagración al Padre.

No llevaba en su apariencia ni en su proceder el ritmo ascético de los Nazareos, que se apartaban de los suyos para dedicar la vida a Dios y rechazar rotundamente la idolatría; Jesús se haría cercano a los hermanos, comería con ellos en cuanto banquete hubiese, entrando a la intimidad de quien desease la salvación, Jesús rechazaría la idolatría del egoísmo, de la apariencia ritual.

Su vida tuvo cierta similitud con la de los que conformaban las comunidades proféticas de la época davídica; sin embargo, Jesús iba más allá del anuncio futuro de la llegada del Mesías o de la denuncia política ante el desequilibrio del pueblo; para él el Reino de Dios, ya había llegado, era preciso manifestarlo a todos, sin excepción. Hablaba de un Reino de Dios donde solo Dios era el único merecedor de ser llamado Padre, un Reino donde nadie estaba excluido, inserto en la realidad cotidiana.


No fue un recabita que se preservara vehementemente de la contaminación a causa de las infidelidades del pueblo, no vivió en el desierto sino solo cuarenta días para escuchar la voz de su Padre y el clamor de sus hermanos, regresó a la Galilea a llamar a todos por calles y plazas. Si practicó la continencia, si fue un pobre mendicante sin casa fija donde dormir u obediente a la voluntad del Padre, no fue ni para ser solo signo visible de conversión ni porque necesitase expiar culpas como los terapeutas.

Sin embargo, estas formas de vivir la dedicación a Dios tienen mucho de él: renuncias y nuevas opciones de vida, radicalidad para vivir un ideal, mirada fija en el Padre Dios ¿Dónde está la mayor diferencia? La pasión de Jesús de Nazaret por cumplir la voluntad del Padre y de hacer presente en la vida de sus hermanos los hombres que el Reino de Dios había llegado y decirle a cada uno “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19, 9)
(continuará)

José Miguel, novicio ssp



lunes, 25 de febrero de 2013


EN EL DESIERTO LE HABLARÉ AL CORAZÓN



Poco a poco se iba instaurando una tregua entre la antigua Roma y la naciente Iglesia católica. Progresivamente, los cristianos dejaban la clandestinidad de las catacumbas para reunirse en lugares más adecuados para el culto ¿Qué pasaría ahora, luego de que la sangre de los mártires sembrase la fe entre los nuevos creyentes?

Entrar en Roma, significó para la fe un gran paso, pero también un inevitable choque entre las costumbres que ambas ofrecían. Por una parte, la “Ciudad eterna” ofrecía una vida relajada, ostentosa, de Imperio (aunque la crisis sobrevendría pronto); en la otra arista, la “Ciudad de Dios”, la naciente Iglesia, ofrecía una vida escatológica y profética que anunciaba la inminente llegada del Mesías de la humanidad y que aquello implicaba un cambio rotundo de vida.

Como todo choque, hubo heridos, varios cristianos se adecuaron a la vida relajada y no poco libertina, aquello hizo que el Espíritu de Dios comenzase a inspirar en algunos la “fuga mundi”, el retirarse de la viciada cotidianeidad en busca de un camino de mayor perfección ¿A dónde? Al desierto, siguiendo la voz profética que decía: “Yo la llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2, 14)

Así, Pablo de Tebas, Antonio, Pacomio, Simeón y otros comenzarían el camino, se veía ya decidido por el Espíritu Santo un camino de mayor perfección en el amor, a Dios y a los hermanos.
(Continuará…)

José Miguel, novicio ssp

sábado, 23 de febrero de 2013


VOLVER AL PADRE
(Conversaciones en Cuaresma, IV parte)



ORACIÓN. ENCUENTRO CON EL AMOR.

“…Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará”. (Mt 6, 6)

Dice santa Teresa de Jesús, que orar es “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama", magnífica definición para invitarnos a la reflexión. ¿Cuándo amamos a alguien si no es con el encuentro, con la experiencia personal con ese alguien? Es necesario pues un momento especial para dedicarlo a Dios, aquel a quien sabemos que nos ama. Santa Teresita, por su parte, nos dice: “La oración es un impulso del corazón, una simple mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría”. Andamos muy ocupados; nuestras agendas, quizá, andan apretujadas de cosas, incluso de “cosas de Dios”. Algunos podríamos hablar de Dios toda la vida, pero huir al que Dios nos hable.

Y sin embargo, Dios está allí, esperándonos en el Sagrario, en la Palabra, en un momento de quietud, incluso saliendo a nuestro encuentro en algún momento del día ¿Para qué? Para darnos su amor. Más que una penitencia, el orar nos va suavizando el corazón, poniéndolo “a punto” para experimentar la resurrección, para transmitirnos la gracia, para aliviar nuestros cansancios. Hemos purificado nuestro interior con el ayuno, nos hemos liberado de lo exterior con la limosna, es momento -siempre es momento- de hacer una pausa para mirar al Cielo y trascender nuestro yo abriéndonos al otro, para abandonarnos en Dios, para mirarlo y más aún, sentir su mirada. Quizá la lectio Divina, tan difundida hoy en día, una visita a la capilla del Santísimo, un rosario contemplando la naturaleza, ¡o el trabajo bien hecho y hecho con alegría! sean buenos espacios de encuentro con nuestro Dios amor.

Ayuno, limosna y oración, “ayudas” que, como fruto del esfuerzo humano y acompañadas siempre por la gracia, nos ayudarán sin duda a recibir con mayor alegría a Cristo Resucitado. Levantémonos, volvamos una vez más a la casa del Padre que nos espera siempre con los brazos abiertos para amarnos.

PARA ENTENDER LA ORACIÓN
Había pedido a Dios FUERZA para triunfar;
Él me ha dado FLAQUEZA para que aprenda a obedecer con humildad.
Había pedido SALUD para realizar grandes empresas;
me ha dado ENFERMEDAD para que haga cosas mejores.
Deseé la RIQUEZA para llegar a ser dichoso;
me ha dado POBREZA para que alcance la sabiduría.
Quise PODER para ser apreciado de los hombres;
me ha concedido DEBILIDAD a fin de que llegara a tener deseos de Él.
Pedí un COMPAÑERO para no vivir solo;
me dio un CORAZÓN para que pudiera amar a todos los hermanos.
Anhelaba COSAS que pudieran alegrar mi vida;
me dio la VIDA para que pudiera gozar de todas las cosas.
No tengo NADA de lo que he pedido;
pero he recibido TODO lo que había esperado.
Porque, sin darme cuenta, mis plegarias no formuladas han sido escuchadas.
Yo soy, de entre todos los hombres, el más rico.
(Anónimo)

José Miguel, novicio ssp

miércoles, 20 de febrero de 2013

ESE SILENCIO

Existe un silencio nebuloso,
en el que siento que no te siento,
en el que te busco con ansias
y tan solo me quedo con lo que es efímero,
con lo que más aumenta mi sed...

Ese silencio que perturba,
que me empuja a llenar de ruidos el corazón,
ese silencio donde siento que no te siento,
cuando veo mi vida caer...

Te anhelo, te ansío, te necesito
y, sin embargo, vivo como si no te anhelara,
te busco velado en lo que no eres tú,
creo dioses falsos que reclaman de mí siempre más
y me dejan más sediento...

Vuelvo con miedo a ese silencio...
retorno a las fuentes de la vida,
allí estás tú,
allí me estás hablando
en esa presencia en la ausencia tú me vuelves a hablar
y te digo: gracias, Amado.

Amén

(Hno. Pablo de Lima)